Hoy os traigo una entrevista que, ante todo, es muy motivadora para los padres que estamos criando a nuestros hijos en más de un idioma a la vez. Por aquello de las dudas que nos surgen a veces sobre si será realmente efectivo lo que hacemos sin ser nativos, si veremos resultados a nuestros esfuerzos o si quizá no serán nuestros hijos demasiado pequeños para empezar a enseñarles.

La protagonista de esta entrevista es, en realidad, Mariam, una niña de 27 meses. Aunque es su madre, Vanesa, quien nos cuenta cómo su hija está aprendiendo a hablar 4 idiomas a la vez de una manera sorprendente. Conocí a Vanesa gracias a su cuenta de Twitter (@HiBabyNiHaoMaMa) y la verdad que desde que vi por primera vez algunos de los vídeos de su hija, me quedé alucinada al ver el desparpajo y la fluidez que tiene hablando en inglés.

Vanesa es licenciada en Traducción e Interpretación (ICADE, 1998-2002) y ha trabajado en distintos sectores: industria aeronáutica, TIC y comercio exterior, entre otros. Actualmente, es representante de la marca de educación infantil Badanamu. Desde su perfil de Twitter se puede entrar a su canal de Youtube, en el que va escribiendo sobre lo que va experimentando con su hija y donde va subiendo vídeos en los que aparece su hija hablando en un inglés excepcional para una niña de su edad, cuyos padres no son nativos.

Ante todo, quiero felicitar desde aquí a Vanesa por el trabajo que están haciendo con su hija en casa y darle las gracias por concedernos esta entrevista para contarnos su historia. Desde luego, a mí me ha servido para ver lo que cualquier niño es capaz de hacer con los estímulos adecuados. Espero que os sea útil también.

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  • Vanesa, vuestra hija está aprendiendo a hablar 4 idiomas a la vez ¿Quién le habla en cada idioma? ¿ella los distingue bien?

Efectivamente, en casa seguimos el método OPOL, lo que significa que, por norma general, cada uno de nosotros le habla en un idioma: mamá le habla en inglés, papá en persa, su compañera de juegos en mandarín y sus abuelos en castellano.

La peque distingue perfectamente todos los idiomas. A las personas que tienen más trato con ella sólo les pido que, si alguna vez les apetece decirle alguna palabra o frase en inglés, procuren no mezclar distintos idiomas en una misma frase. Hacerlo puede resultar divertido, pero no es en absoluto aconsejable. Hacer esta distinción de forma clara ayuda mucho a los niños a asimilar las distintas gramáticas.

  • ¿Cuándo y por qué decidisteis hablarle en esos idiomas? ¿Os surgieron dudas? ¿os costó adaptaros?

Lo decidimos así cuando tenía ocho meses. Yo era consciente de las ventajas de adquirir idiomas de forma natural pero, además, en aquel entonces aprendí que el cerebro del bebé analiza los patrones de los lenguajes que escucha: recoge datos fonológicos del entorno para determinar qué sonidos se repiten y son significativos y necesarios para la comunicación. Los bebés hacen esto durante un periodo de tiempo bastante breve: a partir de los 10 meses, comienzan a tener dificultades para distinguir fonemas que no existen en sus lenguas maternas, según estudios realizados por P. Kühl.

Así que no me lo pensé dos veces: de la noche a la mañana empecé a hablarle inglés y a esforzarme por mejorar mi pronunciación (tarea nada fácil para alguien que ha aprendido inglés hincando codos sobre los libros). Del mismo modo, empecé a buscar interacción con personas nativas y a seleccionar música, historias y juegos adecuados para facilitar su desarrollo lingüístico.

En cuanto a mis familiares y amigos, no tuvieron ningún problema de adaptación: todos hablan con ella en sus lenguas maternas. Yo soy la única persona que habla con ella en un idioma distinto al materno. Al principio era bastante duro para mí, debido al agotamiento mental y a no poder expresarle a mi hija mis sentimientos con misma espontaneidad y naturalidad que en castellano. Ahora, sin embargo, se me hace extraño hablar con ella en un idioma que no sea inglés. Y también noto que me cada vez me desenvuelvo mejor al hablar de las rutinas diarias en inglés.

  • ¿Qué edad tiene vuestra hija ahora? ¿recuerdas a qué edad empezó a entender y/o a hablar los idiomas en los que le habláis?

Ahora tiene 27 meses. A los 4 meses comenzó a decir “ma” para reclamarme cuando me alejaba. Al cumplir el primer año empezó a decir muchas palabras en distintos idiomas, principalmente monosílabos y también algunos bisílabos. Por ejemplo, cuando quería beber, sólo decía “ab”, que significa “agua” en persa; pero comprendía “water” en inglés y “shuei” en chino. Le costó mucho aprender a decir “water“; su nivel de comprensión iba muy por delante del desarrollo de su aparato fonador. Así pues, también decía “car“, aunque comprendía “coche” o “machine” en persa; igualmente, sabía lo que era “bread” pero nos pedía “pan” en castellano o “nun” en persa, que son vocablos mucho más fáciles de pronunciar para un bebé. No estaba mezclando idiomas, sólo optando por la palabra que le resultaba más fácil pronunciar, a fin de comunicarse con nosotros. De no haber sabido decir “pan”, probablemente se habría frustrado muchas veces por no saber pronunciar “bread“. En este sentido, aprender varios idiomas a la vez le ha ayudado a comunicarse mejor y de forma más temprana con nosotros, sus padres.

Una de las primeras palabras de dos sílabas que aprendió a decir con poco más de un año fue “kitty“, en su afán por enganchar y acariciar a nuestras veloces gatitas. Por aquel entonces todavía no era capaz de pronunciar “gato”,”xiao mao”, en chino, o “pishí”, en persa, pero señalaba con el dedo la imagen correcta cuando escuchaba esas palabras. Aunque no fuese capaz de expresar todas estas palabras oralmente, se comunicaba gestualmente. El lenguaje corporal también es una forma de expresión y éste me daba pistas de que, efectivamente, pese a no verbalizar, estaba aprendiendo los idiomas de forma simultánea.

  • ¿Cómo describirías la evolución que ha tenido vuestra hija en los diferentes idiomas?

Muy satisfactoria. Pese a que hablé con ella sólo en castellano hasta los ocho meses, en cuanto empezó a juntar dos o tres palabras a los 15 meses me di cuenta de que, de las cuatro lenguas que aprende en paralelo, su lengua materna principal era el inglés. Tengo la sensación o teoría de que la lengua “materna” en esta etapa del desarrollo en particular no es la lengua mayoritaria, sino la “lengua que habla mamá”, que es la que permite la “vital” comunicación entre el bebé y la persona que lo cría. Pero, en fin, sólo puedo hablar sobre la base de mi propia experiencia y mis sensaciones… Esa balanza se irá inclinando sin duda hacia el castellano conforme el entorno vaya teniendo en ella más influencia que su madre.

A este respecto, por ejemplo, pensaba que le costaría más tiempo soltarse con el castellano por limitarlo prácticamente a los fines de semana que visitamos a los abuelos. Me equivoqué. De algún modo, su cabecita consigue adaptarse al entorno: hace un escrutinio de cada palabra que oye, la graba en su memoria y la suelta días o meses más tarde en el contexto apropiado, dejándonos a todos boquiabiertos.

El pasado fin de semana, mis padres comentaban entre ellos: “Hay que ver lo bien que ha merendado y cenado la niña”. A lo que la peque respondió ipso facto: “Mariam come todo”. Irrumpió con un verbo sinónimo que ellos no habían utilizado en la frase.

En persa y chino va teniendo más conversación cada mes que pasa. No me refiero simplemente a comprensión, sino a verbalización.

También he observado que, cuando conoce a una persona nueva, niño o adulto, sabe perfectamente qué idioma tiene que utilizar para comunicarse con ella. Lo hace de forma natural y espontánea.

Así que uno de los grandes mitos que hemos desarticulado en nuestra casa con nuestra experiencia cuatrilingüe es que el bilingüismo produce retrasos en el habla. Si tales retrasos son supuestamente más frecuentes en casos de bilingüismo, yo me inclino a pensar que pueden deberse no al bilingüismo en sí, sino a otras circunstancias habituales en estos casos, como puede ser una reducción importante del tiempo de exposición a cada idioma.

De hecho, creo que aprender varios idiomas a la vez es incluso un reto natural y divertido para el niño. Si le muestras un libro de animales a un bebé que aún no habla y, señalando, le dices “conejito”, al principio le interesa mucho y la cuarta o la quinta vez que se lo dices ya no le interesa tanto. Pero si vuelves a mostrarle la misma foto y le dices “xiao tuzi“, en chino, inmediatamente vuelve a mostrar interés por el conejito. En mi opinión, el bilingüismo en casa es la excusa perfecta para acabar con el aburrimiento, entrenar la mente y dedicar tiempo a realizar actividades divertidas en familia cada día.

  • En el caso del inglés, al no ser vuestro idioma nativo, ¿os veis en la necesidad de recurrir en ocasiones a recursos externos de consulta (diccionarios, personas nativas, etc.)?

¡Por supuesto! Cada día necesito realizar consultas y aprendo algo nuevo. Y esto va a ser así siempre. Las jergas del inglés técnico o especializado que aprendemos en el ámbito académico o laboral distan muchísimo de la rica jerga coloquial o cotidiana de una familia con niños. Además, toda lengua es infinita, está viva, evoluciona…

  • En cuanto a los recursos de enseñanza, ¿cuáles utilizáis y os han sido más efectivos para enseñarle varios idiomas a la vez a vuestra hija?

¿Recursos de enseñanza? ¡El mundo entero! Hablamos mucho. La clave del desarrollo del lenguaje y el aprendizaje de segundas lenguas está en la práctica. Tanto practicas, tanto aprendes. Así que exploramos la naturaleza, jugamos con distintos materiales sensoriales… Pero, en general, los recursos más eficaces para estimular el desarrollo del lenguaje a edades tempranas, sin lugar a dudas, son la música y los cuentos. Según la Asociación Española de Pediatría de Atención Primaria (AEPap), la lectura permite a los niños aprender las palabras con mayor rapidez, mejora su comprensión y ejercita su cerebro para que la adquisición del lenguaje, que se produce entre los 10 y los 30 meses, sea lo más rica posible.

En casa, cantamos y leemos muchísimo. Cantando los niños van interiorizando estructuras gramaticales, vocabulario… van construyendo poco a poco su lenguaje. Y, a través de los cuentos, comentándolos y representándolos, su imaginación vuela hasta otros mundos y les permite descubrir conceptos y vocabulario que no están presentes en nuestro día a día. Pero todo ello tiene que ser un juego, tiene que ser motivador y divertido. No se trata de sentar al bebé a ver videos musicales o escuchar CDs de cuentos. Moverse, tocar y “sentir” emociones positivas ayuda a los niños a que lo que están aprendiendo en ese momento quede grabado en la memoria a largo plazo.

Así que, en nuestra familia, nos hemos convertido en ávidos consumidores de libros infantiles (en versión original), música y juguetes educativos. Tenemos varias editoriales y marcas de juguetes favoritas, pero la propuesta educativa que más nos apasiona, por cómo nos ayuda a crear en casa ese ambiente de aprendizaje mágico y divertido, es la de Badanamu.

Empezamos a utilizar recursos de Badanamu disponibles en su canal de Youtube y su web cuando la peque tenía 4 meses. Con 18 meses, como por arte de magia, bailando y cantando, había aprendido todos los fonemas y grafemas del abecedario en inglés, en mayúsculas y minúsculas. Una de mis preocupaciones hasta entonces había sido si, llegado el momento, yo podría ayudar a mi hija a aprender a leer en inglés mediante el método de fonética sintética, ya que yo tuve que aprender a deletrear y escribir cada palabra de memoria. Al observar que la niña estaba aprendiendo fonética, literalmente, “bailando”, compramos materiales educativos de Badanamu de diversa índole. Y viendo lo mucho que la niña disfrutaba aprendiendo y jugando con ellos, me puse de nuevo en contacto con Calm Island, la empresa creadora de esta marca educativa, para traer su innovador método a España. Y en ello estoy, muy contenta, iniciando un proyecto precioso que sin duda ayudará a muchos niños a amar el inglés, la música, la lectura… y a desarrollarse felices.

  • ¿Dónde crees que está el secreto para que realmente esté aprendiendo tan rápido varios idiomas a la vez?

Yo creo que el secreto está en la inmersión y el juego, es decir, en aumentar la exposición a las lenguas minoritarias, pero procurando al mismo tiempo que las actividades sean actividades siempre divertidas, motivadoras y significativas para la niña, es decir, que realmente le interesen y despierten su curiosidad.

Quiero hacer hincapié en lo anterior porque simplemente “escuchar” no es suficiente para aprender un idioma; aquello que no es adecuado para el nivel del niño y que no despierta su curiosidad no es eficaz para el aprendizaje: el resultado de ello es que el niño se bloquea o se aburre. Según S. Krashen, la adquisición del lenguaje se produce cuando recibimos información que podemos comprender y nuestros niveles de estrés, desmotivación y falta de confianza se encuentran en mínimos. Por el contrario, la ausencia de estrés, la motivación y una buena autoestima favorecen la adquisición y el aprendizaje.

Nuestra hija pasa muchas horas al día jugando. Nos turnamos para ello. Por las mañanas, se divierte con Chang, su compañera de juegos china. Hacen manualidades, construcciones, leen cuentos, cantan canciones, juegan a las cocinitas, van al parque, a la piscina… lo que les apetezca en cada momento. Por las tardes, juega con su padre, que le enseña otras cosas diferentes: a jugar al fútbol, a escalar, a rapear, leen cuentos en persa… Al final del día juega conmigo en inglés: bailamos, cantamos, contamos cuentos, hablamos de lo que hemos hecho durante el día, le hago preguntas con trampa para que piense bien la respuesta… Y los fines de semana solemos llevarla a casa de campo de los abuelos a pasar allí uno o dos días.

  • Cuando empiece el colegio, ¿habéis pensado en llevarla a uno bilingüe? ¿por qué?

Cuando llegue el momento, procuraremos llevarla a un colegio donde ella pueda seguir construyendo su aprendizaje, donde la enseñen a cuestionar todo, a servirse de todos los medios a su alcance para encontrar soluciones, a potenciar su curiosidad, su iniciativa, su creatividad, a expresarse y compartir lo aprendido… pero también a disfrutar de lo que tiene, a trabajar en equipo y a ayudar y respetar a los demás. Si, además de esto, se trata de un colegio en el que puede seguir aprendiendo inglés y chino, mejor.

La cuestión es que el bilingüismo no es algo extraordinario, es algo normal: se estima que dos tercios de los niños del mundo son bilingües. Y hablar varios idiomas sólo tiene ventajas. En un mundo en el que Internet y el transporte aéreo han cambiado drásticamente la forma en que las personas nos relacionamos, necesitamos derribar las barreras lingüísticas, que no son más que un freno para el desarrollo personal y de la sociedad en general.

  • ¿Ha habido algo especialmente difícil en esta experiencia? ¿Habéis pensado en abandonar alguna vez?

A priori, cambiar tu forma de vida para tratar de crear un ambiente bilingüe en casa sin ser nativo no es fácil pero, cuando uno se lo plantea en serio y descubre que su hijo aprende y que todos disfrutan de la experiencia, lo que parecía imposible resulta ser posible. La clave está en que padres e hijos puedan disfrutar de aprender juntos, compartir momentos y realizar actividades divertidas. La motivación lo es todo.

  • ¿Qué recomendarías a otros padres que estén en vuestra misma situación? es decir, padres que como vosotros les estén enseñando varios idiomas a la vez o que les hablen en un idioma que no sea el nativo.

Les recomendaría que tengan siempre presente que los primeros años de vida del niño son los más importantes en términos de desarrollo y educación. Son los años de mayor plasticidad cerebral. Son los años en los que se forma el carácter de la persona y en los que se sientan las bases de su aprendizaje futuro. Los bebés no hablan como nosotros, pero son genios a la hora de analizar, realizar descubrimientos y adaptarse al entorno. Nosotros podemos modelar el entorno (también el lingüístico) para que cada niño pueda explorar y aprender jugando, al ritmo que su mente va marcando. Hagámosles ese regalo. Sin estrés, sin presiones. Que no falten el amor y el afecto. Que crezcan sintiéndose seguros y felices. Esto es más importante que nada.


A continuación, podéis ver uno de los vídeos de la cuenta de Youtube de Vanesa, en el que se puede ver a su hija Mariam reconociendo las emociones y hablando en inglés:

 

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