Bueno, pues hoy ha sido uno de esos días en los que una se viene abajo con lo de hablarle inglés a su hijo…

Empezaré por el principio. A mi hijo le hablo en inglés desde que nació. Así lo decidimos mi marido y yo cuando todavía estaba embarazada, a pesar de que yo no fuera nativa. A mí siempre me han gustado mucho los idiomas y, de hecho, estudié Traducción e Interpretación por el mismo motivo. Esta también fue la razón, entre otras más (el resto, las podéis leer en este post que publiqué), por las que me animé a intentarlo. Desde entonces, le he estado hablando en inglés hasta el día de hoy.

Todos los padres y madres que estáis en un proceso parecido de hablarle varios idiomas a vuestros hijos (y más aún, si les habláis en un idioma que no es el nativo), sabréis que a lo largo de este proceso, hay días mejores y días peores. En el sentido que uno no siempre tiene la misma energía o ánimo como para esforzarse a hablarles en una lengua que no es la nativa. También hay ocasiones en las que uno se encuentra con personas que no entienden el porqué de hablarles en inglés (u otro idioma distinto) a nuestros hijos si ese no es nuestro idioma materno. Incluso, se han publicado artículos criticando si es correcto hacerlo o no, poniendo en duda si les estaremos perjudicando más que beneficiando y, si incluso, no será algo forzado que estaremos anteponiendo al hecho de darles cariño.

Pues bien, hoy no he pasado por ninguna de esas cosas, no me he desanimado como tal, ni me he sentido cansada, ni siquiera indignada por las palabras de nadie. Hoy me he quedado preocupada.

Resulta que, como ya he comentado alguna vez por aquí, mi hijo hasta este verano decía más bien poquitas palabras, tanto en español, como en inglés. Este verano (él ha cumplido los 2 años en agosto) parece que se ha lanzado a decir más cosas (podéis leer aquí un post que publiqué con mucha ilusión acerca de sus avances con el inglés), por lo que yo estaba (y sigo estando, porque una cosa no quita la otra) MUY CONTENTA Y ORGULLOSA con los resultados. Pero eso no quita que a veces no me haya preocupado acerca de si hablará o no lo suficiente para su edad. Si he de ser sincera, varias veces se me había pasado por la cabeza que seguramente debería hablar más, pero cuando decía alguna palabra nueva en inglés, entonces pensaba que no, que estaba “progresando adecuadamente”. Otra cosa que hacía que dejara de pensar eso era el hecho de ver cómo él responde (desde hace mucho, sobre todo, con gestos y acciones) a mis indicaciones en inglés.

Pues bien, justo ayer por la tarde, mientras estábamos mi marido y yo jugando con mi hijo, cuando él se puso a decirnos palabras en inglés, comentamos que quizá deberíamos hablar con su profesora de la guardería para decirle que yo le hablo en inglés, ya que hasta ahora no lo habíamos hecho. Sé que es un “pequeño detalle” que seguramente tendríamos que haber comentado con ella antes, pero entre que mi hijo se incorporó bastante tarde a la guardería el curso pasado, que tampoco va todos los días y que hasta hace poco él decía poquitas cosas, pues no le habíamos dado tanta importancia, la verdad. Pero ayer comentábamos que sería importante decírselo, ahora que ya empieza a decir más cosas en inglés, para que lo tuviera en cuenta y no pensara que el niño “decía cosas raras” (hay que tener en cuenta que algunas palabras las pronuncia muy bien, pero otras en un inglés “de niño” que solo entendemos nosotros a veces). Bueno, pues hoy iba de camino a buscar a mi hijo a la guardería, pensando y divagando acerca de qué le diría a su maestra. Resulta que cuando lo estaba recogiendo, justo mi hijo se ha puesto a decir algo y ella, antes de que yo empezara a contarle nada, me ha mirado con cara de póquer y me ha dicho algo como: “bueno, tendremos que ir viendo el tema del lenguaje de vuestro hijo”, como insinuando que quizá podría haber algún problema. Me ha puesto el ejemplo de que esta mañana ella le decía (en catalán) a mi hijo que le diera su bolsita y él, como si oyera de llover. He de decir dos cosas (que también le he comentado a ella, aunque la primera ya la sabía de sobras): él es un niño bastante independiente y movido (con lo que a veces, le hables en el idioma que le hables, va un poco “a su rollo”) y, otro tema a considerar es que el catalán, por ahora, solo lo escucha en la guardería. Claro, se lo he comentado y le he dicho que por ahora está muy poco expuesto al catalán y que puede que él no entienda todavía según qué cosas en ese idioma. Y claro, también le he explicado que yo a él le hablo en inglés. Se ha sorprendido un poco, porque no tenía ni idea (cuando voy a recogerlo, siempre suele ser un momento y para dos frases que cruzo con mi hijo delante de ella y con ella misma, lo hago en español), pero he de decir que su respuesta ha sido muy positiva. Le ha parecido muy buena idea y me ha dicho que qué bien que pueda ser trilingüe en un futuro. Y claro, me ha dicho (con toda la razón del mundo), que es un detalle importante a tener muy en cuenta, pero que si él responde bien a mis órdenes/indicaciones cuando le hablo en inglés, pues que ningún problema entonces (luego ha podido ver cómo mi hijo se tocaba las diferentes partes del cuerpo cuando yo se las iba diciendo en inglés:)).

La verdad es que no me puedo quejar de la reacción y actitud de su profesora. Ojalá todo el mundo lo entendiera igual de bien. Y probablemente tampoco debería preocuparme sobre el desarrollo del lenguaje de mi hijo, ya que estoy pudiendo ver yo misma cómo avanza con el inglés y, sobre todo, veo que entiende lo que le digo. Pero entre el comentario de su profesora (sí, es cierto que lo ha hecho antes de saber que le hablo en inglés y que en casa no escucha catalán), que a veces veo cómo niños de la edad de mi hijo dicen más cosas que él y que otros compañeros de su clase, con solo 4 o 5 meses más, hablan por los codos, pues no he podido evitar preocuparme. Preocuparme por si estaré haciendo bien, por si mi hijo estará avanzando todo lo que debiera, por el “y si no le hablara en inglés, ¿hablaría más ahora o no?”. Sinceramente, cuando he llegado a casa, lo primero que he hecho ha sido leer la entrevista en la que Mariana Lombardo, logopeda experta, nos hablaba sobre este tema y me he ido directa a buscar la pregunta “Como padres, ¿cuándo tenemos que considerar que hay algún problema en el desarrollo del habla de nuestros hijos?”. Ella respondía que los niños entre los 18 y 24 meses empiezan a juntar dos palabras (y llegando a los 24 meses, 3 palabras) para formar los primeros esbozos de frases y que con 30 meses, personas cercanas a la familia que no comparten con el niño todo el tiempo, pueden comprender casi la totalidad de su discurso, aunque también menciona que se suele decir que a los niños bilingües se les da un margen de 4 meses más. Por tanto, creo que mi hijo todavía está dentro de ese margen normal y aceptable. Aún y así, hoy no he podido evitar preocuparme y pensar, pensar y pensar…

No sé qué opinión tendréis vosotros sobre el tema, pero hoy, más que nunca, agradecería vuestros comentarios, sobre todo si ya habéis pasado por una experiencia parecida.

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