Hacía bastante tiempo que no me sentaba a escribir un post para el blog, ya que he estado bastante desconectada (tanto del blog como de las redes sociales relacionadas con éste), en parte debido a que hace unos meses cogí las riendas de una pequeña academia (de inglés, no podía ser de otra cosa, jejeje) y la verdad es que he estado bastante ocupada y más cansada que antes. Como decía, ese ha sido parte del motivo, pero no ha sido el único. Sinceramente, también me he sentido un poco desanimada en cuanto al tema de hablar en inglés con mi hijo. Sobre todo, porque he estado observando cómo él me hablaba bastante menos en inglés que antes. En parte, creo que ha podido ser debido a que yo ahora paso menos tardes con él que antes, debido al trabajo. Algo que también ha influido es que en el colegio al que asiste no está dando inglés todavía (es una escuela pública, en la que enseñan “únicamente” en castellano y catalán, y el inglés es solo una asignatura que empiezan a partir de los 5 años). Así que, mi hijo, que antes me hablaba casi siempre en inglés, ahora ya no lo hace tanto.

Por mi parte, he de reconocer que tampoco le he estado hablando en inglés todo el tiempo, como venía haciendo hasta no hace mucho, puede que por el mismo cansancio o por el desánimo de ver que ya no obtenía la misma respuesta por su parte, o quizá un poco por las dos cosas. No lo sé. La cuestión es que hemos seguido con el inglés en casa, pero de forma un poco menos constante, dejándolo más para el rato de los cuentos, el de los dibujos y el de las conversaciones dentro de casa.

Así llevábamos algunos meses, hasta que nos hemos ido de vacaciones este año. Después de muchos años queriendo ir, mi marido y yo decidimos en primavera que este verano haríamos un viaje a EEUU. Sobre todo, nos hacía ilusión visitar Nueva York, así que, aprovechando que encontramos unos vuelos súper bien de precio hasta Boston y que íbamos a coger un coche de alquiler, pues al final nos liamos la manta a la cabeza y decidimos visitar Boston, Washington DC, Philadelphia y Nueva York. Hemos estado poco más de dos semanas, pero el viaje ha valido la pena, tanto por lo que hemos podido visitar (¡y caminar!) como porque hemos vuelto con las pilas puestas, sobre todo, anímicamente.

Ya cuando íbamos a salir del aeropuerto de Barcelona, mi hijo se encontró allí con unos niños ingleses que estaban jugando y, cuando los escuchó hablar, alucinó. Vino corriendo hacia mí y me dijo sorprendido en voz baja “mama, they speak English!!”. Cuando llegamos a nuestro primer destino, ya empezó a ver que eso era lo normal. Yo le expliqué que allí la mayoría de los niños solo hablaban inglés y que tendría que hablar con ellos en ese idioma, pero aún y así, los primeros días, de vez en cuando se ponía a hablar con ellos en español, hasta que se daba cuenta de que no le entendían. Entonces, pasaba a hablarles en inglés. Y ¡mantenían una conversación! En varias ocasiones me encontré a mi hijo hablando en inglés como si nada con el resto de los niños. La verdad es que me sorprendió, porque aunque sabía cuál era su nivel general de comprensión del idioma, me encantó ver que les entendía a la perfección (a pesar de que el acento de esos niños no era como el de su madre) y que les contestaba y ellos le entendían perfectamente a él. Me encantó ver que en estos 4 años (que, por cierto, cumplió estando allí) todo el esfuerzo ha valido la pena, a pesar de los altibajos y el desánimo de algunos momentos. Aunque soy consciente de que mi hijo comete algún que otro error gramatical cuando habla o que quizá le falten algunas palabras para estar al mismo nivel de vocabulario que cualquier niño nativo de su edad, pienso que hemos ganado mucho. Mucho más de lo que podíamos haber perdido. Desde luego, conforme va pasando el tiempo, cada vez estoy más contenta de haber decidido hablar con él en inglés. Sé que el camino no es fácil, que uno a veces se desanima, que se cansa, que la gente nos puede dar mil argumentos para no hablarle en inglés a nuestros hijos o que pensemos que nuestro nivel de inglés no sea suficiente, pero hay que seguir. Por eso, después de nuestra experiencia veraniega, puedo decir que por mi parte voy a seguir esforzándome por hablar en inglés con mi hijo siempre que sea posible y poder disfrutar viendo todo lo que va aprendiendo.

A continuación os dejo un par de vídeos de alguno de los momentos en los que grabé a mi hijo a lo largo de nuestro viaje en agosto:

Y vosotros, ¿habéis tenido alguna experiencia parecida este verano con vuestros hijos?

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